Raices en los muros
Su plenitud es precisamente la de un espejo, que simula estar lleno y está vacío; es un fantasma que ni siquiera desaparece,
porque no tiene ni la capacidad de cesar.Historia de la Eternidad. Jorge Luis Borges
Siempre me he preguntado por la eternidad. Ha de ser porque desde que me acuerdo, hemos estado atrapados en esta pared de cemento y me ha sobrado tiempo para ponerme a pensar. La eternidad podría serlo sólo tras la desaparición de tiempo, espacio y muerte.
Yo sé que tú no te das cuenta, pero a veces, durante el día te abrazo y me uno a ti como si sólo estuviéramos los dos condenados a este mirar a la gente pasar. Luego me desprendo de tu forma y en la tarde comienzo a caminar cuesta arriba al lado de un viejito, de una señora con un bebé o del obispo.
A medida que anochece y se encienden las luces, aparecen otros tantos caminando al lado de extraños igual que yo. Sobre todo a la hora de la misa vespertina, un montón de señoras pasan y yo mismo he acompañado a alguna de ellas. Al rato, regresamos para escoltar a alguien más y tú, sólo te quedas parada frente al árbol.
El día que se me ocurrió que podríamos escapar por las esquinas de arriba; el cielo estaba tan cerca que creí haberlo sentido casi tan áspero como la pared. Intenté cavar un agujero en el suelo, aunque mis manos fueran de aire. Yo pienso que si te hubieras decidido, por la fisura que causó el temblor hubiéramos podido salir, pero te resistías a moverte, no lo entendí y mejor me eché a dormir a tu lado; abracé tu cuerpo y estoy seguro de que olí tu frescura.
Los fantasmas tienen la certeza de haber estado vivos, nosotros no tenemos eso. Esperamos que otro esté enfrente para poder existir, sin embargo, nadie reconoce a una sombra como su propia imagen; carecemos del privilegio de la muerte, el placer del dolor. Creo que el encierro del espejo hubiera sido mejor.
Imagíname gritándote que te movieras o que hicieras algo que me diera señal de vida, en la forma que sea; vida al fin y al cabo. Tus hojas, las hojas de tu árbol, sólo jugando con el viento y mi voz atrapada en las paredes por un rayo de sol o una noche sin estrellas.
Ahora me pregunto si esta condena es para los dos o es sólo para mí, porque tú ni siquiera lo notas, perteneces a otro tiempo o a otro espacio; me ignoras y echas raíces sobre este muro construido a la mitad de un pueblo ya sin historias qué contar.
Tlaxcala, 2009.